6 de Noviembre, 2008, 13:32: ElenaLo que es

Salgo del supermercado deprisa. La angustia me supera. Llamo urgentemente a mi madre:

- Mamá!! Ya lo he hecho! Lo he conseguido!!
- El qué? Coserte un botón?
- Bonito!!
- Qué has conseguido coser un botón bonito?
- Nooooo!! No me entiendes!! Que he comprado bonito!!
- Y donde está el gran triunfo?
- Oye, madre, menos coñas, que he entrado en la pescadería incluso y hasta incluso he mantenido conversaciones con el resto lugareñas compradoras de pescado.. Pero bueno, oye, el problema es que no sé que hacer con él ahora.
- Pues lo tendrás que cocinar. En la entrada del comedor como adorno no debe quedar muy bien...
- ¿Cocinar?
- Hija, me preocupas ¿Qué sueles hacer tú con la comida entonces?

Pensé en contestar, pero no creo que mi madre esté preparada para escuchar la respuesta...

- Bueno, ¿me explicas o no?

Y mi madre me transmite paso a paso el procedimiento de cocinar bonito con tomate. 

Cuando llego a casa, me pongo manos a la obra. Y tras luchar a brazo partido con mi gata para que no se coma el pescado antes que yo, llorar a lágrima viva cortando la cebolla, escuchar a Calamaro explicarme que comiendo chicle mientras cortas cebolla no lloras y que el lloro está provocado por el ácido sulfúrico que desprende la cebolla como defensa natural y yo contestarle que vaya birria de defensa porque las cortamos igualmente y que sería más útil una minibomba casera manual, sofreir la polémica cebolla, quemarme preparando la salsa de tomate, y freir el bonito junto con la salsa de pescado, consigo preparar un estupendo bonito con tomate.

Qué orgullosa estoy!! Lo miro y remiro con adoración, lo coloco amorosamente encima del plato. Calamaro gruñe de celos. Le digo que no sea tonto, pero sigo mirando con amor al bonito. Decido que es perfecto para llevármelo para comer en la oficina al día siguiente. Lo meto en un tupper, y el tupper en una bolsa (a juego, por supuesto). 

Lástima que al día siguiente me dejara la bolsa con el tupper en el tren.. Jo.

5 de Noviembre, 2008, 12:34: ElenaLo que fue

Sábado por la mañana. Yo, cargada con mi mochilita y un jardín zen (¿verdad que somos originales mis amigos y yo a la hora de elegir regalos?), me dirijo hacia mi coche, dispuesta a irme de fin de semana a una casa rural. Guardo los bultos en el maletero de mi amado coche destartalado, me subo al coche, enciendo el motor, y... lucecita mental. ¡Me he olvidado el tabaco! ¿Un fin de semana entero en el campo sin fumar? Anda ya!!! Me salgo del vehículo dispuesta a comprar cigarillos, porque, como buena fumadora (a mi pesar), antes muerta que sin nicotina.

Y mientras camino en dirección al bar, oigo que un coche pita. Me giro (puro instinto), y veo que un chico me saluda desde un coche.. No puedo evitar sonreir cuando veo de quien se trata. Es mi Querido Primer Novio.

Mi Querido Primer Novio (a partir de ahora, QPN, para abreviar) y yo salimos durante dos años y meses, desde que yo tenía 16 años y pico hasta que casi cumplí los 19. Y qué puedo decir.. sólo puedo decir cosas buenas sobre él. Tuvimos una relación preciosa, infantil e inmadura porque éramos un par de críos, pero preciosa al fin y al cabo. Nos teníamos absoluta y verdadera adoración el uno por el otro, no nos peleábamos nunca, y nunca nos aburriamos de estar juntos.

¿Y qué sucedió para que tan maravillosa relación se fuera a pique? Pues la vida, que nos controla a su antojo, como en las mejores tragedias griegas. Cuando habían pasado pocas semanas después de empezar yo COU, mi padre me (nos) dió una terrible noticia: en septiembre del siguiente año nos ibamos a vivir a otra ciudad. A mis tiernos 17, aquello cayó como una bomba.. Menudo drama. Fue un verdadero drama. Yo se lo dije a QPN, y llorando, nos prometimos que aprovechariamos al máximo el tiempo que nos quedaba para estar juntos, y que luego, fuera como fuera, sobrellevaríamos la distancia....Pasaron los meses, y llegó el momento de la mudanza, y me fuí....

Y la vida fue pasando, los meses también, y no aguanté.... La paciencia no es una de mis virtudes.. Yo no estaba preparada para una relación a distancia.... Tampoco lo sigo estando ahora. Otra persona se cruzó en mi vida, y me despedí de QPN definitivamente... Sé que la ruptura fue mucho más dura para él que para mí, y aún siento ciertos remordimientos por ello.

Me acerco a su coche... él me mira riéndose.. Te he visto de refilón, y he reconocido de inmediato tu nariz!!! (ejem, lo cierto es que tengo una nariz bastante característica...) Vámonos a tomar un café.. tienes tiempo? Si, claro que sí!!!

No es la primera vez que nos vemos desde que volví a Barcelona, de hecho hemos tenido bastante contacto, pero hacía meses que no le veía... el tiempo y el trabajo no lo han tratado bien físicamente... Parece tener muchos más años que 30.... Sin embargo, le miro y aún le veo igual. Igual de buena persona, igual de humilde, igual de sin malicia.... ¿Cómo está tu mujer? ¿Y tu niña? Mira, mira una foto de mi hija, mira qué guapa! Y me empieza a enseñar fotos, lleno de orgullo, lleno de ilusión. Me conmueve... Ya no me atrae, hace años que dejé de estar enamorada de él, hemos tenido vidas radicalmente distintas, pero le miro y me conmueve... le conozco. Sé quien es. Se me despierta una ternura remota, extraña, amable, que me invade el corazón... Cuando nos despedimos, le cojo de la mano.. quisiera decir mil cosas, pero no soy capaz de expresarlas... Pero le miro, y él me mira, y en el fondo de nuestro ser, ambos sabemos que hemos sido parte importante en la vida del otro...

Y, ya conduciendo hacia la casa rural, pienso en las vicisitudes de la vida, pienso en lo poco manejamos nuestra propia vida... en vez de nosotros controlar la vida, la vida nos controla a nosotros.... y me da por pensar que, quizás, si no me hubiera mudado a la fuerza a 800 km de distancia, la niña de las fotos podría ser mi propia hija. ¿Hasta qué punto tomamos nuestras propias decisiones? ¿Hasta qué punto somos dueños de nuestra propia existencia?...

El destino hace con nosotros lo que quiere. Lo único que podemos hacer nosotros es poner voluntad para aceptar o cambiar las cosas....

5 de Noviembre, 2008, 11:09: ElenaLo que fue
Estaba consumiéndose entre despojos de recuerdos y diversas agonías. Se miró en el espejo y vio que tenía el pelo pegado a las mejillas. Las ojeras bajo sus ojos parecían sucias y tristes y sus labios estaban secos y agrietados. Se dio asco.

Abrió el grifo y dejó que el agua helada se escurriera entre sus manos. Le vino un recuerdo a la mente. Era un recuerdo infantil, vagamente difuminado e incluso ensalzado por el paso de los años, de cuando jugaba en la fuente de la plaza de Calella. Ella llevaba un vestido amarillo, y se había quitado los zapatos...…


Se echó agua en los ojos y se sintió mejor. El recuerdo se había desvanecido.En la habitación dormía él. Entró, y miró su cuerpo desnudo sobre las blancas sábanas. Tenía la boca abierta y roncaba plácidamente. Entonces vio la botella de ron al lado de la cama. Vacía. La noche anterior se le apareció confusa, pero recordó que había estado bebiendo y follando con él. En su propio piso, en su propia cama. Cerró los ojos y lo sintió todavía dentro. Sintió unas enormes ganas de ser abrazada, pero no por él.

No quería molestarle. Cuánta oscuridad… El aire había muerto, olía a sexo y a sudor. En unos segundos atravesó la habitación, levantó las persianas, abrió la ventana y dejó que el aire fresco de la mañana se llevara el recuerdo de la noche anterior. Empezaba a salir el sol. Era un sol claro y cálido de mediados de mayo. Un poco de viento movió sus cabellos, que acariciaron su cuerpo desnudo y frágil. Notó que él comenzó a temblar levemente de frío, pero prefirió no despertarle, y se encendió un cigarrillo. El humo inundó su cuerpo. Notaba la boca espesa, la garganta áspera, y le dolía la cabeza. No había comido nada todavía y se sintió débil y sucia. Pero le gustaba esa sensación. Sonrió. Qué paradoja sentirse feliz en medio de aquél estado de degradación y perversidad…

Su interior rebosaba recuerdos y sensibilidad. Aún podía sentir la pasión con la que él había acariciado su cuerpo hacía tan sólo unas horas. Cerró los ojos y pudo oler su piel, su calor, su sexo… se incorporó y lo vio, tumbado todavía en la cama, completamente desnudo. Entonces se dio cuenta de que esa imagen se aparecía, ante sus ojos, como un retorno al estado puro, sobre todo como la más sublime muestra de complicidad.

Se acercó a la cama y le besó los ojos cerrados. Dios santo, cuánto le quería…